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3-
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MIL
MASCARAS
Muchas
veces me veo fingiendo,
fingiendo
ante la gente, ante la vida, ante mi.
Diciendo
cosas que no pienso,
y
pensando cosas que no siento,
recordando
momentos que no han sucedido,
y
deseando suenos que no necesito.
Engañándome
con miedos que no tienen sentido,
y
protegiéndome con escudas mentiras,
de
todo aquello que me hace ser distinto.
Es
como si quisiera no defraudar a nadie,
como
si me impusiera caer bien a todo el mundo,
como
si tuviera mil máscaras,
con
las que dar a cada uno de lo suyo.
Hay
veces en las que no me atrevo a decir no,
en
las que tengo miedo a expresar lo que pienso,
en
las que algo me impide mostrar,
todo
lo que aquí dentro tengo.
Y
me escudo tras una afirmación o una sonrisa,
tras
un guiño o un “lo que tu digas”.
No
me atrevo a expresar verdaderamente lo que siento,
me
importa más lo que de mi digan,
que
lo que yo les cuento,
me
importa más ganarme por encima de todo su cariño,
que
ser con orgullo yo mismo,
me
importa más darles continuamente la razón,
que
utilizar mi criterio aunque no me den su aprobación.
Finjo,
finjo para no caer mal a la gente,
para
ganarme de cada uno de ellos su respeto,
para
tener la irreal ilusión de que me quieren,
para
sentirme protegido en un mundo que no comprendo.
Finjo,
y cada vez me siento más perdido,
más
alejado de lo que verdaderamente quiero,
aunque
tal vez ahí esté el principio de todo,
que
no sé muy bien qué es lo que deseo,
que
no sé muy bien como soy,
que
no sé cuál es el camino ni a donde voy.
Los
sentimientos y el temperamento…
Despertar
a las emociones significa SENTIRLAS.
No
requiere cambiar nuestros sentimientos, los sentimientos
cambian todo el tiempo por sí mismos. Tampoco significa
cambiar nuestro temperamento.
Si
somos intuitivos o filosóficos, sanguíneos
o melancólicos, probablemente eso siga siendo igual.
Nuestro alcance puede expandirse, pero nuestro temperamento
y nuestra personalidad probablemente continúen
siendo los mismos.
Un
maestro budista decía que había esperado
despertar para lograr una “transformación
impersonal”.
La
transformación es la apertura del corazón
y no un cambio de personalidad.
Siguió
diciendo ese maestro:
En
muchos sentidos la transformación espiritual de
estas últimas décadas es diferente de lo
que había imaginado. Sigo siendo la misma persona
esquiva, en gran parte con el mismo estilo y manera de
ser. De modo que por afuera no soy esa persona asombrosamente
transformada, iluminada, que esperaba volverme. Pero hay
una gran transformación por dentro.
Años
de trabajar con mis sentimientos, mis patrones familiares
y mi temperamento suavizaron la manera en que los contengo
a todos. En la lucha por conocer y aceptar en profundidad
mi vida, ésta se transformó, y mi amor creció.
Si
mi vida era un garage lleno donde no dejaba de chocarme
contra los muebles y de criticarme, ahora es como si mi
hubiera mudado de hangar y hubiera dejado las puertas
abiertas. Tengo los viejos muebles, pero no me limitan
como antes. Yo soy el mismo, sin embargo, ahora estoy
libre para moverme, incluso para volar.
Las
emociones son fuerzas poderosas, pero no es el miedo o
la represión lo que nos liberará de sus
garras: la respuesta es la CONCIENCIA
“¿Es
esto lo que yo soy?” preguntemos a nuestros sentimientos
a medida que los hagamos concientes. Si podemos contener
nuestros sentimientos dentro de un corazón amplio
e intrépido, los sentimientos solitarios, quebrados,
confundidos, surgen de una nueva manera, transformados
por la ACEPTACIÓN.
Armamos
y defendemos el corazón no contra el mundo sino
contra nosotros mismos.
El
corazón despierto no tiene defensa. Permite todo
el dolor y la belleza de la vida.
El
lama Trungpa dijo: “El corazón abierto y
blando, es el que tiene la capacidad de transformar el
mundo“.
Cuando
las emociones quedan libres y el corazón puede
expresarse, sin preocuparse por la opinión de los
demás, esa libertad se extiende a todos los aspectos
de nuestro temperamento.
Hay
que aprender a ser fiel a uno mismo y a la vida......
Acompañar
Simplemente estar ahí, presente,
al lado de quien te necesita.
No
es indispensable hablar,
ni hacer algo especial.
Lo
importante es comunicar al otro que uno está
unido con la alegría, o la tristeza;
que está viviendo el ser querido.
Lo que vale es respetar siempre el pedido,
verbal o silencioso,
latente o manifiesto de compañía o de soledad.
Acompañar es intuir la carencia del otro:
es cuidar, proteger, sin molestar o dañar.
Es tarea de amigos, de amantes,
de seres que se sostienen en la hermandad
de los afectos.
Es un servicio de lealtad
Es un punto de contacto, más cerca
de los sentimientos invisibles
que de la mera proximidad física, ostensible.
Se puede estar "cerca" de alguien.
También es posible estar unidos por la distancia,
pero próximos en el corazón.
A veces los sentimientos se filtran,
por las fronteras
inventadas por los mismos protagonistas.
Acompañar no es pared sino puente,
unión de almas.
Existen paredes de vidrio, no visibles,
que impiden la unidad de los sentimientos,
que asfixian el surgimiento generoso
y espontáneo de la compasión.
Hay proximidades que agobian y aíslan mucho
más que la soledad misma.
"Y qué le digo"?,
preguntó alguien,
temeroso de sus propias emociones
ante el dolor de un conocido...
"No digas nada, absolutamente nada",
respondió la sensibilidad.
Lo que importa es estar ahí en el momento justo.
Tal vez no exista nada mejor
que la elocuencia del silencio.
En determinadas circunstancias, las palabras
sólo consiguen incomunicar.
Como
se recuerda el sabor del vino
aún después que su olor se haya desvanecido,
y que su copa haya desaparecido.
"Cállate por favor... quiero estar contigo",
suplicó
el poeta necesitado de compañía...
A.M.González
Tus
palabras
Que tus palabras sean como aguas mansas pero en constante
movimiento,
que con paciencia se van abriendo camino.
Que
sean una bendición para los campos áridos,
que sean dadoras de vida, para todas las plantas, que
se nutran de tus palabras convertidas en agua.
Que
con dulzura se introduzcan en la vida de los sedientos,
que necesitan de un trago para seguir viviendo,
no te fijes quien se aprovecha de ellas,
simplemente fluye.
Las
palabras pueden ser una poesía,
una frase celebre, un consejo, un cuento,
una felicitación, una reflexión, incluso
hasta un chiste,
sin embargo deben seguir un cauce de amor
para que llegue a todos.
Tus
palabras pueden ser también
en un momento dado,
como las aguas que bajan con fuerza,
velocidad y en grandes cantidades,
destructivas y mortales,
pues a su paso se desbordan y ahogan.
Esta
diferencia la marca los sentimientos que nos
embargan en el momento que las emitimos,
de cada quien depende que nuestras palabras
den vida o por el contrario destruyan y asesinen.
Transformémonos
igual que el agua,
que nuestras palabras y pensamientos
cuando no sean positivos, se conviertan en hielo,
y queden mudas y estáticas.
Que
cuando sean para compartir sean líquido,
que se usa para conservar y crear la vida.
Y
que sean vapor,
cuando queramos que éstas lleguen a las alturas,
para que el Buen Dios,
las distribuya más sabiamente,
en forma de lluvia, a todos sin distinción.
Benditas
sean todas las palabras
de amor que de tí procedan,
pues eso demuestra que tu corazón
esta en buenas manos...